jueves, 28 de octubre de 2010

Nunca pude decirle Adiós

Rocco era mi perro, el mejor amigo que me pudo haber dado la vida. Desde que llego a mí, me enseño cosas muy importantes como: la amistad, la fidelidad, la responsabilidad y el amor. Desde que llego a mi vida, todo comenzó a cambiar, me sentía más feliz
Un día, amaneció lleno de garrapatas y se metieron dentro de la casa así que mi mama decidió que ya no podía estar más con nosotros, no conocía a nadie adecuado para regalarlo y decidió llevarlo al rancho. El 5 de febrero del 2007 Rocco estaba más inquieto que nunca, comenzó a ladrar y a correr por todas partes, su ladrido sonaba como un aullido tan triste y desesperado, lo cargue y lo subí al coche, no me atrevía a mirarlo porque me destrozaba el alma saber que ya no lo tendría conmigo. Llegamos al rancho, pero no estaban mis tíos solo estaba mi abuelito; y mi abuelo no quería a Rocco, así que lo dejamos amarrado en un poste, me despedí de él y me subí al carro, no quería mirar hacia atrás porque sabía que no iba a ser fuerte, pero mire y lo vi tratándose de soltarse, el ladraba y ladraba como diciendo: ¡espérenme yo quiero irme con ustedes!
Pasaron dos largas semanas, y fuimos al rancho a verlo, yo estaba muy preocupada no sabía si él iba a seguir ahí, cuando llegamos me dio tanta felicidad saber que estaba tan bien. Me baje del coche y el vino corriendo hacia mí y comenzó a brincar alrededor mío y a ladrarme, me di cuenta que a pesar de todo el me seguía queriendo.
Comenzamos a ir cada domingo a visitarlo, y si no podíamos ir, íbamos lo más seguido posible. Rocco estaba feliz en el rancho, era libre y supongo que feliz. Mi abuelito se enfermo y fue internado en el hospital, y mis papas iban a cancelar mi fiesta de quince años, yo estaba muy triste por lo de mi abuelito, pero también sentía muy feo lo de mis quince años, y un domingo que fui a ver a Rocco al rancho, me senté en el suelo y él se acerco a mí y puso su cabeza sobre mi pierna, y comenzó a mover la cola y sentí que él estaba conmigo.
Rocco se gano rápidamente el cariño de todos los que vivían cerca de él, incluso el de mi abuelito que no lo quería, y Rocco era el único que se quedaba con el cuando mis tíos salían. Mi abuelito falleció, y Rocco estuvo allí conmigo, sonara tonto pero de cierta manera yo sabía que él entendía, porque le vi los ojos llorosos, y comenzó a ladrar como el día en el que se fue de mi casa; como si estuviera aullando. Dice mi tía que cada Domingo a la misma hora, el se paraba en la esquina de la casa a esperar que llegáramos, y aunque no fuéramos él se quedaba todo el día esperándonos hasta las seis de la tarde.

Últimamente dejamos de ir tan seguido, porque a mi mamá ya casi no le gustaba ir, pero él seguía tan fiel. El último día que lo vi estaba muy distante a mí, por primera vez me dio la pata, pero nuevamente volví a ver sus ojos llorosos, me pregunte que tenía una y otra vez, pero jamás supe que tenía. Tres días después, me avisaron que se había ido y que ya no volvió. Se fue sin despedirse, nunca tuve la oportunidad de decirle adiós, pero espero que el tenga el mejor recuerdo de mi, porque yo siempre tendré el mejor recuerdo de él. Espero que algún día aparezca y si no espero que alguien que lo haya encontrado y lo esté cuidando bien. Pero de cierto modo me siento culpable, por que cuando lo deje en el rancho quizás el sintió que lo abandoné, pero esa nunca fue mi intención, porque yo lo quería mucho. Me hubiera gustado, que él jamás se hubiera ido y verlo crecer y morir, así hubiera podido decirle adiós, pero lamentablemente no paso así.